miércoles, 27 de agosto de 2014




accésit en el 
CONCURSO de ideas para la redacción del anteproyecto de construcción de un edificio para usos naúticos-deportivos en el ayuntamiento de la  
ILLA DE AROSA
(julio 2014)

jueves, 21 de agosto de 2014

Partimos del reconocimiento del valor de las piezas, depósitos de agua que valoramos más allá de su aspecto funcional. Su especial localización, siempre en promontorios de la ciudad, y su gran altura, (47m. , en el caso de Vigía y Eiris y 50m. en Ventorrillo), los han dotado de una presencia singular en el sky line coruñés, más allá de que ambos aspectos-altura y localización-respondan a la función estricta que ejercen.
Nos concentramos en el objeto, en su puesta en valor, pero re-dotándolo de sentido. Así, se trata de transformar el volúmen capaz, restando materia y sumándola en ocasiones según lo que la propia geometría de los depósitos sugiere. Para ello, utilizaremos EL REFLEJO. 
Sobre la superficie aplicaremos un CROMADO jugando con la mayor o menor intensidad en el destello del mismo. El dibujo, respondiendo a la geometría, trata de poner en valor la inmaterialidad de la pieza, su simbolismo de pieza esbelta y misteriosa que acecha el barrio. Si los destellos de las galerías de la edificación residencial de La Coruña son costumbre, el destello producido por el cromado aplicado en la superfice de los depósitos será un nuevo atributo que enriquezca la trama de la ciudad marinera.

Los depósitos, como contenedores del destello, desapareceran dejando paso al reflejo del mar, el cielo o la propia morfología urbana deformada, siempre en función de las variaciones de luz a lo largo del día.  
Transformaremos su gravitar.



martes, 19 de agosto de 2014




concurso 'microespacios' en Santander, Julio 2014.
 propuestas ganadoras, aquí

martes, 29 de julio de 2014

http://www.laciudadviva.org/blogs/?author=119
nuestros textos para la ciudad viva
(clic en la imágen)

viernes, 4 de julio de 2014


LA REBELIÓN DE LO COTIDIANO. 
por C.G. 
Las putas, los mafiosos, las pitonisas, los yonkis a golpe de mando a distancia. Señoritas neumáticas exponiendo un cuerpo tan artificial como deformado en una piscinita hinchable de las que utilizan los niños en el jardín de la parte trasera del adosado. Un movimiento sexy que agita la turgencia después de haber desgranado la última ruptura con el penúltimo novio sin quiebra emocional. Dificultad en la empatía. Relatos del incesto y del asesinato conviven con amas de casa ludópatas que abandonaron a sus hijos a los que ahora intentan recuperar en un plató televisivo de la mano del siempre entusiasta hombre del show. Un aparentemente respetable presentador de informativos narrando un crimen oscuro acontecido en el cuarto de estar del tercer piso de cualquier miserable bloque de viviendas en periferia sin determinar. El hastío tiene marca genérica y el paraíso de la aventura a territorios exóticos ha mutado en pobre experiencia desde que las compañías low cost convirtieran el globo terráqueo en algo realmente pequeño. Carcajadas e insolencia aderezadas con cocaína en horario infantil. Otra mamachicho junto al arquitecto de moda mostrando novedosos centros de mesa fruto de una demencial composición con velas blancas y redondos de acero. Suplementos dominicales con la primera chica del enésimo  movimiento revolucionario en portada, el desnudo es sustituido esta vez por un vestido exclusivo y ensayada mueca en el rostro. El presidente del gobierno anuncia en grandes titulares que publica nuevo libro. El sexo es explícito y sin ápice de misterio, para qué. La  crítica lo celebra.
Si los medios de comunicación de masas son una expresión del mundo, hace tiempo que éste se define por su capacidad para autoconsumirse sin restricciones morales. El amor al mundo y el cultivo de toda la gama emocional se convierten ahora en conceptos transguesores dentro de esta parrilla blasfema.
Una sociedad en fuga de un aburrimiento aparente donde la única fórmula de supervivencia posible parece consistir en intensificar las impresiones para llegar a sentir. Un espectáculo disfrazado de experiencia liberadora y subversiva, donde los códigos de una emancipación pasada se aplican ahora pervertidos y desprovistos de su esencia primordial. La droga es sintética y de uso generalizado en el cuarto de baño de la banca mundial. Fin del malditismo.
Distintas maneras de implementar vidas colapsadas que rechazan el sosiego necesario para hacer algo que merezca la pena, saltando de una sensación a otra, agotándose rápidamente y donde las palabras más irreverentes del diccionario han decantado hacia vocablos insospechados: camaradería, amor, la necesidad de comunicarse, el juego, la costumbre, etc.
La vida social ha sido sustituida por su imagen representada, innumerablemente distorsionada para acabar convertida en mercancía. Así, la insurrección llevada a cabo por los movimientos al margen o subterráneos, difícilmente resiste el poder de seducción del gran espectáculo en una coyuntura donde la lobotomía es frecuente.  

152
En su sector más avanzado, el capitalismo concentrado se orienta hacia la venta de bloques de tiempo "totalmente equipados", cada uno de los cuales constituye una sola mercancía unificada que ha integrado cierto número de mercancías diversas. Es así como puede aparecer en la economía en expansión de los "servicios" y entretenimientos la fórmula de pago calculado "todo incluido" para el hábitat espectacular, los seudodesplazamientos colectivos de las vacaciones, el abono al consumo cultural y la venta de la sociabilidad misma en "conversaciones apasionantes" y "encuentros de personalidades" (...)

El párrafo citado es uno de los 221 clasificados en los nueve capítulos de 'La sociedad del espectáculo'(1967) de Guy Debord, en el que se avanza ya la influencia de los medios de comunicación en connivencia con los poderes en el diseño del nuevo escenario mundial. Debord, líder del movimiento situacionista, clave a la hora de entender el devenir histórico de la práctica artística ligada al hecho paisajístico, fundamenta su pensamiento en el descubrimiento de la aventura cotidiana, la práctica diaria como expresión de la arcadia inalcanzable. 
Así se explica la deriva, una de las experiencias mas importantes desarrolladas por los situacionistas,  la cual consistía en el redescubrimiento de los escenarios cotidianos de la vida diaria como ideal homérico.  Definieron la deriva (Internationale Situationniste, 1958) como el "modo de comportamiento experimental ligado a las condiciones de la sociedad urbana o la técnica de paso ininterrumpido a través de ambientes diversos". La deriva situacionista propone una utilización experimental no productiva del espacio urbano, defendiendo el carácter fragmentario de zonas urbanas diferenciadas frente al carácter homogéneo y uniforme de la sociedad de los espectadores. Pero los situacionistas no serían los primeros en situar lo cotidano en el centro del debate de esta nueva subjetividad.

En los años sesenta, el filósofo y urbanista francés Henri Lefebvre acuñó el concepto: 'sociedad burocrática de consumo dirigido', con él trataba de sintetizar los rasgos centrales de una sociedad en la que la cotidianidad se ha constituido en un verdadero territorio controlado. 'Sociedad de la abundancia', 'sociedad del ocio', 'sociedad de consumo', conceptos todos ellos que nominan a lo cotidiano en nuestros días, empezaban a ser material de trabajo de las ciencias sociales en la década de los sesenta . Frente a este panorama donde pareciera que lo cotidiano es solo adjetivable con el vocablo 'miseria', Lefebvre cree encontrar una veta para la renovación: la crisis permanente puede tomar un papel crítico. Es posible que no todo deseo sea transformado en necesidad a satisfacer, que no toda creación sea transformada en producto ni las coacciones, como el ocio programado, el espectáculo o la cultura de centro comercial, sean vividas necesariamente como experiencias liberadoras. En esta búsqueda hace una apuesta por la vida urbana y la ciudad a través de la conquista activa por parte de sus habitantes. Una revolución fundamentada en la posibilidad de que lo cotidiano actúe sobre lo urbano, y lo urbano sobre lo global.



'La Crítica de la vida cotidiana' fue publicada por Lefebvre en el año 1947, en ella el humanista francés trató de desenmascarar el carácter infundado del convencionalismo de lo cotidiano presentando a la ciudad como la fuerza central de la insurrección estética contra la alineación del día a día.

El libro se presenta a través de una trilogía (1947/58, 1961, 1981-fechas de los originales franceses) y constituye un estudio profundo de cómo la cotidianidad configura la base de todo un pensamiento activo que se opone a las lógicas del poder. Para ello, Lefebvre destaca la necesidad de recuperación de lo imaginario como llave que abre la posibilidad de concebir lo creativo y lo nuevo. Lo imaginario, olvidado por el pragmatismo de las ciencias sociales y el urbanismo, como pieza clave para la afirmación de un nuevo derecho: el derecho a la ciudad. Un derecho formulado como la conquista del ciudadano de la calidad urbana y de la construcción del espacio dentro de la lucha de poderes. Los estudios de Lefebvre sobre la vida del día a día fueron esenciales y una de las mayores contribuciones intelectuales que motivaron la fundación del movimiento Internacional Situacionista.


“Lo cotidiano son los actos diarios pero sobre todo el hecho de que se encadenan formando un todo” (Lefebvre, 1981). Lo cotidiano no se reduce a la suma o el agregado de acciones aisladas, como el comer, el beber o el vestirse. Es necesario ver el contexto de estas acciones, los encadenamientos y el todo que componen a través de las relaciones sociales, “sobre todo porque su encadenamiento se efectúa en un espacio social y en un tiempo social” (Lefebvre, 1981). No importan tanto los hechos, sino los hilos que los conectan.

 Estas característica lo llevan a plantear la similitud entre lo cotidiano y el lenguaje en el sentido de que ambos tienen formas aparentes y estructuras trascendentes. Lefebvre recurre desde el inicio de su reflexión a la apología del antihéroe del Ulises de James Joyce. La estructura de la trama desarrollada en las 24 horas de un día cualquiera (16 de Junio de 1904 en Dublín) y de un hombre cualquiera, Leopold Bloom, expresan esta relación micro/macro revelando en la narración de un día la historia del mundo y de la sociedad. Así, mediante la celebre narración, Lefebvre vislumbra la presencia de los componentes de la vida cotidiana: el espacio, el tiempo, la pluralidades de sentido, lo simbólico...



Los viejos maestros nos señalaron el nuevo código de la insurrección. Tanto la Internacional Situacionista, como Henri Lefbvre fueron alineados por la crítica en sectores radicales, lo lúcido de su  pensamiento no fue del todo reconocido, seguramente por su claro posicionamiento político. Su capacidad para reconocer la capacidad transformadora de lo cotidiano, la reconquista de la rutina potencialmente poblada de tradiciones, ritos y proverbios, cualidades todas ellas hoy secuestradas por lo poderes económicos de marca global, fue su precioso legado.


Reconocer comportamientos, usos y costumbres para captar cambios y tendencias a partir del uso de los espacios y de los tiempos concretos con los que poder transformar el relato de nuestras vidas en una letanía tan personal como autoconstruída.


"...y olvidaba el azar de la circunstancia, la calma o la precipitación, el sol o el frío, el principio o el fin de la jornada, el sabor de las fresas o del abandono, el mensaje medio entendido, la primera página de los periódicos, la voz en el teléfono, la conversaciòn más anodina, el hombre o la mujer más anónimos; todo lo que habla, hace ruido, viene a la mente, existe" Jaques Sojcher.

 [publicado en el número 5 de la revista Jot Down, especial 'políticamente incorrecto']. 



lunes, 17 de febrero de 2014





LA VIRTUD DE UN VICIO. Especulación inmobiliaria Siglo XXI.
por C. García. 

'Estoy de acuerdo con que no comprendemos la relación, la secuencia y la progresión de todas las causas,  pero la ignorancia de un hecho nunca es motivo suficiente para creer o determinar otro.'
Marqués de Sade, La nueva  Justine, 1797.


En 1797 se publica en Holanda La Nueva Justine o las Desgracias de la Virtud. Obra monumental del Marqués de Sade, que con sus casi cuatro mil páginas en las que relata con profusión y repetición mecánica ejemplos de las prácticas más disolutas no tardó en  espantar al mundo.


Lo que podríamos llamar la filosofía básica de Sade, parece la sencillez misma. Esta filosofía es la del interés, la del egoísmo integral que sabe transformar todos los disgustos en gustos y todas las repugnancias en atractivos. El triunfo de la virtud sobre el vicio, la recompensa del bien y el castigo del mal eran la base histórica de la literatura de la época, el Marqués de Sade decidió romper con la convención del esquema tradicional presentando el vicio siempre triunfante y la virtud víctima de sus propios sacrificios. 

En un periodo histórico definido por las diferencias de clase y el terror, por una amoralidad que atravesaba todas las capas sociales, sin distinción entre el señor y el súbdito, el libertinaje se había instaurado como patrón de una vida de éxito. 
El trabajo del Divino Marqués, a partir de enumeraciones infinitas de ejemplos que van desde el incesto hasta el asesinato, traduce el espíritu de esta sociedad licenciosa, que necesita intensificar sus impresiones para llegar a sentir. 


Así, la obra de Sade es apreciada por su absoluta rotura de los patrones convencionales. Josep Quetglas, uno de los críticos más certeros de la arquitectura contemporánea, presenta en 1972 su tesis doctoral en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, el texto es titulado: 'La Casa de Don Giovanni' donde, entre otras cuestiones,  traza una visión crítica de la obra de Sade, valorándola en su capacidad para destruir un sistema cultural. Trazando una genealogía de relaciones secretas, llega a entroncar el pensamiento del Marqués con el comunismo. 

El pensamiento libertino de la obra de Sade, contiene en sí mismo una crítica feroz a la sociedad de su época, paradójicamente su trabajo es el fruto de la mente de un moralista. De sus relatos repetitivos y simples en la composición podemos extraer significados que nos ayudan a entender nuestra contemporaneidad, donde la displicencia en el comportamiento de una sociedad entera, no ha sido todavía suficientemente explicada. 



The Economist, en su edición del 18 de Junio de 2005, caracterizó la burbuja inmobiliaria española como el mayor proceso especulativo de la historia del capitalismo. 

Si hay un hecho que ha marcado la economía española durante el último cambio de siglo, este ha sido sin duda su dependencia de la industría de la construcción. El periodo de 'café para todos', aquella temeraria bonanza de la que participaron los más distantes  estratos sociales, abarcó según los análisis más críticos una decáda, la comprendida entre el año 1997 y el 2007. 

Este sistema de riqueza dependiente del ladrillo, derivó en un paulatino y excesivo endeudamiento de la ciudadanía, que provocó a la larga la recesión económica que hoy padecemos, entre otras causas el alza de los tipos de interés erosionó el consumo interno y aumentó tanto la tasa de paro como los índices de morosidad, provocando la consabida devaluación del mercado inmobiliario, dando lugar a la crisis económica que algunos expertos vaticinan ya como 'cambio de modelo' de un sistema capitalista agotado.

El precio de la vivienda en España, durante el periodo 1997-2006 se incrementó alrededor de un 150%. Un aumento de precio acompañado del número de viviendas iniciadas, que coincidente con el cambio de siglo, supuso la borrachera de más de medio millón de viviendas construidas al año en el país. 

Concretamente, según los visados expedidos por el Colegio de Arquitectos, durante 2003 se proyectaron 700.000 viviendas, en 2004 en torno a 500.000, y en 2005, 800.000. En 2006 se visaron más de 800.000 viviendas en España. 

Una oferta residencial exagerada, que sin duda respondía a una demanda real, pero también y en muchos casos, especulativa, de manera que no siempre el requerimiento de vivienda respondía a una necesidad de habitación por parte del particular, sino que el mercado inmobiliario se convirtió en un negocio de primer orden en el que la figura del intermediario, en cualquier rango de la estructura social, que compraba para revender a sobreprecio fue un hecho constatado. Un ejemplo paradigmático de lo entreverado a nivel social de esta situación fue la difusión del patrimonio de los parlamentarios en septiembre de 2011, con la publicación de esta información, salió a la luz que la práctica totalidad los dirigentes políticos, sin distingo ideológico, habían invertido en vivienda, con listas de hasta más de 20 bienes inmuebles en propiedad la mayoría de ellos, dato suficientemente revelador de la falta de regulación del fenómeno especulativo y del desinterés institucional por querer definir con rigor y exactitud las causas de un desastre anunciado. 

El efecto primero de esta situación fue el endeudamiento de los hogares, el aumento de precio de la vivienda vino aparejado de prestamos hipotecarios cada vez mayores y cada vez a más largo plazo, así, se estima que el endeudamiento de los españoles se triplicó en menos de una década como marca fin de siglo. La deuda del ciudadano medio no se explica sin la participación de todo el sistema bancario, que en un momento dado hizo una aportación masiva de liquidez para las nuevas hipotecas, situación que fue coincidente con la baja histórica de los intereses en España por la entrada en el euro, que de alguna manera explica la capacidad del sistema para subir los precios, ya que la gente 'podía pagar más'.  

El exceso de liquidez de los bancos, los factores económico financieros vinculados al espectacular abaratamiento de los tipos de interés y del euribor a niveles históricamente bajos por debajo de la inflación, además de la fiscalidad que favorecía la compra de vivienda con desgravaciones en el IRPF, junto con el desprestigio desde todos los estamentos políticos del alquiler como forma posible de acceso a la vivienda, fueron algunas de las causas que propiciaron la llamada burbuja inmobiliaria

Un escenario prosaico que es trascendido cultural y sociológicamente:  en España existe una clara tendencia hacia la propiedad inmobiliaria, la tasa de propietarios con respecto a alquilados es del 80-85% la más alta de Europa tras Irlanda, siendo la media europea del 61%.

La nula fiabilidad de las predicciones en relación al gradual encarecimiento de la vivienda, convirtiéndose el patrimonio residencial en valor seguro y la más fiable moneda de cambio para la inversión, atravesó el ámbito privado y el público, digamos que hubo un consenso interesado en que el devenir lógico de la prosperidad de un país vendría de la mano de la urbanización descontrolada. 

La ley del suelo de 1998, aprobada por Jose María Aznar, sin duda fue cómplice en la liberalización del suelo. La Administración, desde los planes generales, tiene un papel fundamental en la definición del valor del suelo, así, mediante la clasificación y la calificación del mismo la ordenación urbanística marca el margen donde es posible o no edificar, y aquí el diseño de la ley es decisivo e influye cuantitativamente en la superficie de m2 de superficie que son susceptibles de ser destinados para su ocupación por tejido residencial, zonas verdes, equipamientos o dotaciones. 

El aumento demográfico que experimentó España durante el periodo 1995-2001, debido a la población inmigrante que se cuatriplicó en este lapso temporal de cinco años, y la consiguiente demanda de vivienda que el crecimiento poblacional exigió, no se vio correspondido por una oferta solidaria. Los factores demográficos, que sin duda tuvieron clara influencia, funcionaron de coartada para iniciar una perversión del mercado de la vivienda, cuyas consecuencias todavía no llegamos a alcanzar, inmersos como estamos en esta resaca pos fiesta.


Los datos son conocidos: 3,35 millones de vivendas vacías en España en 2005, lo que supone un 14% del total , situándonos en la tasa más alta del mundo. Planes generales sobredimensionados, aumentando la superficie urbanizada entre los años 1987 y 2006 en más de 1 millón de hectáreas de superficie de suelo urbano, datos objetivos que no sirvieron para poner fin al desenfreno sino que fueron valorados como síntoma de prosperidad y única vía posible de generación de riqueza, tanto a nivel particular como institucional. 

Tras el pinchazo de la burbuja, los datos volvieron a hablar por si solos, en 2009 los visados del colegio de arquitectos tuvieron una caída del 56% respecto al año anterior. El 14 de Junio de 2012 el INE hizo público el índice de precios de la vivienda del I trimestre de 2012 que reflejó la mayor caída de precios de toda la democracia. La vivienda libre se abarató un 25,6% desde los máximos que alcanzó el índice del INE en el II trimestre de 2007. 

El fenómeno especulativo inmobiliario no fue solo avalado y sostenido a nivel social e institucional, desde la teoría crítica arquitectónica el asunto se incorporó a los discursos de la mano de consignas como la 'muerte del urbanismo' entendido éste en su concepción más académica.  Hubo textos reveladores y guía de varías generaciones como aquel de Rem Koolhaas '¿qué pasó con el urbanismo?', de una lucidez extrema en muchos aspectos, pero donde la especulación se incorpora como un mal menor o incluso un factor divertido en pro de la defensa de la estética del caos, que la arquitectura y sobre todo el arquitecto demiurgo acabarían por resolver. Un panorama desolador que dio paso a la figura del arquitecto estrella y del encargo del gran proyecto contenedor de programas por definir. La más pequeña ciudad de provincias aspiraba a su Guggenheim y todas tuvieron el suyo. 

La prosperidad económica por vía del ladrillo fue el escenario perfecto para que la arquitectura con 'mayúsculas' entrara en escena, esta vez, partícipe de una fiesta que hasta los más ingenuos  sospechaban ficticia pero que casi nadie estuvo dispuesto a eludir. Se acuñó el término 'arquitecto estrella', tan próximo en su epistemología al lenguaje de reallity show que por aquel entonces empezó a copar la parrilla televisiva, recordemos que Gran Hermano se emitió por primera vez en España en el año 2000. Coincidente también con el cambio de siglo, el nuevo formato  elevó a estrella mediática al ciudadano anónimo, con el consiguiente éxito de audiencias. 

Oficialmente el Estado se apuntó al desarrollo de proyectos mastodónticos, contenedores de arte muertos antes de su inaguración, aereopuertos sin aviones, centros culturales de temática tan variada como innecesaria... Del edificio contenedor se pasó al edificio ciudad: Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia o la Ciudad de la Cultura de Santiago de Compostela,  en las que la sobredimensión del programa abocó a reajustes imposibles que todavía hicieron aumentar más los abúlicos presupuestos públicos. Un efecto globalizador que se vendió como el síntoma natural de una sociedad próspera, mientras paralelamente, las crecientes cifras de paro anunciaban otros planes inminentes y sobre todo, desesperanzadores para el ciudadano.

El libertinaje como desenfreno en las formas de hacer, tanto desde la arquitectura como desde el urbanismo más académicos ampararon una situación que se entendió como virtuosa. La virtud de un vicio. 

Es en este sentido profundo, en esta paradoja tan atractiva que sedujo al Divino Marqués, hasta el punto de crear toda una filosofía del libertinaje enferma y extensísima,  donde se encuentra el arquetipo en el que el vicio es virtuoso y por el contrario la virtud sólo engendra maldad. La seducción de todo un sistema cultural y social por la especulación, ha derivado en una transformación de las costumbres y del paisaje heredado, un legado fraguado con lentitud y por sedimentación de una tradición de país tan convulsa como rica. 
La transformación que nos asiste ha sido demasiado rápida e inconsciente como para poder valorar si lo que queda es una absoluta herida o podrá ser estimada todavía alguna marca de progreso. 


[Publicado en el nº4 de Jot Down, especial 'libertinaje']

lunes, 20 de enero de 2014


concurso centro socio cultural  en reinosa
propuestas premiadas, aquí

martes, 19 de noviembre de 2013

Max Hexer (Jerzy Truszkowski)
[3ªsemana, noviembre2013]

lunes, 11 de noviembre de 2013


Alchimies, Saran Moon, 14Oct-24Nov, Grande Galerie de l'Évolution, París.
[2ªsemana, noviembre2013]

lunes, 4 de noviembre de 2013

viernes, 20 de septiembre de 2013


LA PESCADERÍA,  UN PASEO SIN DESTINO. 
por C. García.


'El que está en Venecia es el engañado que cree estar en Venecia. El que sueña con Venecia es el que está en Venecia'
 Ramón Gómez de la Serna, Total de greguerías, 1955.


Jugar a repasar mentalmente la ciudad en la que habitamos es un ejercicio en el cual la lectura del recorrido cotidiano se establece casi desde una desmemoria, un necesario vacío donde tiene lugar el movimiento, como en aquel cuento de Fitzgerald que narra el paseo por la ciudad de una persona tras una amnesia de diez años. La rutina actúa a modo de veladura sobre el interés del ciudadano a cerca del itinerario turístico representado en mil y una guías, un desconocimiento inducido mediante el cual la ciudad se hace propia. Una imagen contraria sería, el viaje de luna de miel a territorios exóticos, sobrecargado de imágenes recurrentes y de subida inmediata a la red social, convertidas así en temática genérica primero, para acabar finalmente desprovistas de todo significado. 



Este será un viaje casi amnésico por un barrio concreto de la ciudad de La Coruña, el más céntrico y el más oculto a un tiempo, La Pescadería. Al igual que el largo paseo sin objetivo por París que relatara Julien Green, lo que suele ocurrirnos en la deriva por la ciudad, es que durante el camino, lo buscado no es lo más importante, son los sucesos imperceptibles a primera vista los que configuran la verdadera realidad.


El debate en torno a la neutralización de lo singular alcanza no sólo a las grandes metrópolis de las que hablaba Koolhaas en La ciudad genérica de 1994, en cualquier pequeña capital de provincias pueden rastrearse los efectos uniformadores de la mano de la globalización económica. Koolhass describía un paisaje urbano idéntico en todas las ciudades del globo, caracterizado por la uniformidad y la disolución de las singularidades culturales sustituidas ahora por la primacía de las grandes infraestructuras y redes de información, todo ello tamizado por la superioridad económica de las grandes multinacionales convertidas en verdaderas diseñadoras del nuevo paisaje contemporáneo. Escenario materializado en la sustitución del pequeño comercio de barrio por la anodina franquicia y la proliferación del 'mall'. Lo local se desvanece dejando paso a la gran maquina capitalista y la ciudad histórica es cauterizada mediante la gentrificación y el pintoresquismo de 'parque temático'.

 La neutralización del elemento singular, se configura en torno a redes de infraestructuras y flujos de movimiento, así encontramos que una pieza singular dentro de la trama urbana, como la Torre de Hércules, ha sido expulsada del relato ciudad en base a su sobreexposición. La peculiaridad de la nueva investigación urbana pasa por el estudio de las morfologías, de cómo las distintas partes de la ciudad logran conectarse. El experimento gira entorno a los nuevos usos ciudadanos y de si es posible todavía aislar la unidad mínima que configura el barrio, el anhelado ser social. 

Cualquier región metropolitana se caracteriza hoy como un paisaje abierto e indeterminado, dislocado mediante yuxtaposiciones y simultaneidades, digamos que el hecho poético del territorio se ha transformado.



No deja de ser inquietante que la Wikipedia en su entrada 'La Coruña' tenga un capítulo dedicado a las grandes áreas comerciales, hasta siete localizadas en una ciudad de poco más de doscientos mil habitantes. El ciudadano coruñés ha asistido en la última década a la proliferación de numerosas áreas comerciales tanto en el centro como en los barrios periféricos, las consecuencias del asedio son patentes en la vida cotidiana mientras todo un modus vivendi de pequeña escala característico de la antigua ciudad marinera, agoniza. 

Pese a todo, La Coruña sigue siendo la gran urbe atlántica, importante puerto histórico localizado en una muy especial posición geográfica. Así, el centro de la ciudad se extiende sobre una península unida a tierra firme por un estrecho istmo, que la hace poseedora de dos fachadas marítimas distintas en un mínimo lapso espacial: la orientada al sur e históricamente portuaria, hacia la ría de La Coruña y otra de mar abierto orientada al norte, hacia la Ensenada del Orzán, donde ahora se localizan las principales playas urbanas. 
 

La peculiaridad morfológica de este estrecho istmo, conocido con el nombre de A Pescadería, confiere en aproximadamente 300 metros de su dimensión más corta, peculiaridades opuestas y enfrentadas. Localizado en el centro neurálgico de la actividad institucional e histórica, divide y separa las dos vertientes norte y sur de la ciudad, ambas bañadas por un mismo océano, cuyas distintas orientaciones configuran un paisaje y una sensación emocional antagónicas. Un espacio urbano que constituye, por si solo, un interesantísimo ejemplo de cómo hacer ciudad.


La Pescadería, como concepto, se debe a la secular vinculación histórica entre el barrio y el mar, una dependencia progresivamente desaparecida, que es patente no solo en términos de intercambio económico si no también en el lenguaje: el topónimo 'A Pescadería' pierde espacio en el imaginario colectivo frente a la nominación 'El Centro'.



Pescadería es un 'sitio donde se comercia con pescado' que traslada a épocas pretéritas en las que la base económica de la ciudad se encontraba en el sector primario. 'El Centro' remite sin embargo al sector terciario de la producción, con sus especializaciones en ocio, turismo, administración y centro financiero.

Para el relanzamiento del centro se consideró necesaria una labor de 'limpieza' que eliminase las singularidades que pudieran estorbarle. La más evidente en el centro coruñés ha sido el puerto, que con sus olores y suciedades era un evidente obstáculo para la creación de una impoluta ciudad genérica. Las actividades comerciales del puerto se enviaron a otros lugares y a día de hoy, 'El Puerto' es un centro comercial.

La instauración planificada de la ciudad genérica no ha impedido que las formas de vida de barrio en La Pescadería hayan sobrevivido.

La entidad espacial del barrio se extiende en dirección longitudinal este-oeste 880 metros, frente a unos escasos 300 metros en dirección norte-sur. Delimitada al este por la Plaza de María Pita y por la Calle Juana de Vega al oeste, por la Ensenada del Orzán y la bahía de la Marina al norte y sur respectivamente. El barrio presenta un tejido de gran heterogeneidad cuyas morfologías urbanas originales se adaptan a las diferentes condiciones climatológicas en base a la orientación de las dos opuestas orillas. Cara a la bahía sur la morfología primitiva se definía a partir de manzanas de grandes dimensiones, con amplias superficies de espacio vacante en su interior, destinadas en su origen a huertas urbanas. En la vertiente norte, el tejido se fragmentaba en micromanzanas (5 metros de crujía), como modo de asegurar el soleamiento, neutralizando la desfavorable orientación. Aparecían también manzanas longitudinales ocupadas por industrias y almacenes que actuaban como pantalla de protección contra el viento.





En un recorrido por La Pescadería coruñesa se pueden aprehender los efectos y las formas del ambiente geográfico en las emociones y el comportamiento de las personas.


Si como creían los letristas el espacio físico, su orientación, su distribución, tiene un impacto directo en las emociones y comportamientos de las personas, la especial morfología y localización geográfica de La Pescadería nos permite trazar un mapa de impresiones psicogeográficas con diferentes intensidades, a partir de las sensaciones que producen los distintos pasajes.  


Una confirmación de que cambiando el entorno físico se puede cambiar la forma de vivir, en base a paseos azarosos a través de una trama urbana tan heterogénea y rica, que podemos convertir en un laberinto, un paseo sin objetivo donde vivir distintas situaciones anímicas, donde el espacio se convertirá en una sucesión de escenarios que afectarán a las emociones y a la propia conducta. Pequeños ejercicios de resistencia urbana frente a la ciudad genérica en un intento de reinventar lo cotidiano. 


Así, en un recorrido por La Pescadería atravesaremos 'terrain vagues' localizados en las calles interiores del istmo, esos espacios residuales o en situación de desuso, que exceden por algún motivo su calificación urbanística legal con una potencialidad de usos imprevistos, hasta calles perfectamente planificadas, con un uso esencialmente turístico en el paseo marítimo, hasta aquel más institucional correspondiente a la vertiente sur, donde se localizan los Cantones.


El cambio ambiental que se experimenta de una orilla a otra de La Pescadería reproduce los intensos cambios atmosféricos que sufre la ciudad durante largas temporadas del año, fuertes temporales de viento y agua, acompañados de periodos soleados en cortos intervalos de tiempo durante un misma jornada. La sensación climatológica de una lado a otro del barrio varía de forma sensible, habiendo una oscilación de temperatura, nivel de soleamiento y ventisca notoria.

Al igual que la variación ambiental que se produce en el barrio en base a su orientación, encontramos las mismas alteraciones en relación a su funcionamiento. Pese a ser la localización de numerosas franquicias y servicios multinacionales, en La Pescadería encontramos verdaderos micromundos en las calles interiores (calle Alameda, Calle Galera, Calle Franja...) dedicados a la hostelería de toda la vida, con un rosario de pequeñas tascas y bares donde sólo se sirve producto local. El mercado de San Aguntín, actúa a modo de equipamiento de barrio donde todavía se mantiene el intercambio comercial de venta al por menor. Mercerías, tiendas de objetos religiosos, segunda mano, ferreterías históricas, perviven en un ambiente favorable pero cada vez más amenazado.


La ciudad marinera prosigue sus ritmos, es posible todavía recorrerla sin objetivo, trazar el mapa mental de callejuelas que nos llevan desde el lupanar a la tasca de taza de ribeiro, desde la merluza del muro del mercado de San Agustín hasta la librería de viejo un poco más allá. Pasar de un salón urbano soleado como los jardines de Méndez Núñez a un paseo marítimo abierto a norte con una nada reconfortante sensación térmica. Volver a recorrer la ciudad y reinventarla en cada paseo es un acto de resistencia, tal vez el único posible. 
 

[publicado en la edición en papel del nº 4 de la revista Jot Down, especial Rutas Viajeras]



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