martes, 26 de octubre de 2010

martes, 19 de octubre de 2010

lunes, 18 de octubre de 2010

espacio público en el barrio del Agra

plaza de conchiñas: 3.000m2
+
calle barcelona:8.500m 2
+
parque del Observatorio incorporado: 31.400 m2






lunes, 11 de octubre de 2010


El panorama demográfico global que retrataba el ya clásico trabajo de Susan George ‘El informe Lugano’ (1) situaba la superpoblación del planeta y su gestión habitacional como uno de los más candentes desafíos a los que se enfrentaría la geopolítica del presente. Según la autora, si bien diferentes autores pensaban que la superpoblación era un grave peligro para la comunidad y para el Estado (planteando el problema en términos de ‘rentabilidad política’) es en la actualidad cuando la gestión de la desbordada densidad poblacional del planeta se presenta como una cuestión de mayor trascendencia. En 1914 la población total del planeta no ascendía de los 1.200 millones de habitantes, pero la curva demográfica parece anunciar que en torno al 2.020 podríamos ser ya 8.000 millones: este crecimiento exponencial impone la valoración y el debate de los modos más adecuados para dar cobijo a la población con el menor impacto ambiental posible: es todavía una problemática sin resolver, abierta a todo tipo de ensayos, pruebas y errores, y en cuya solución se maneja como parámetro fundamental la densidad de población.

Los trabajos más audaces en torno a la sistematización paramétrica y morfológica de la densidad provienen de aquellas áreas en las que el problema tiene un mayor recorrido histórico. Si la velocidad e impredecibilidad de las actuales explosiones demográficas de las ciudades del tercer mundo ha impedido su gestión científica pautada, es en Holanda (país que se enfrenta desde hace décadas a la cuestión de la densificación como una problemática de Estado) donde se han realizado los estudios pioneros en lo que a la densidad de la ‘ciudad genérica occidental’ se refiere. Ya en 1978 Rem Koolhaas anunciaba la candencia y urgencia de este problema en su apología de la cultura de la congestión desde su ‘Delirious New York’ (2), fundacional ensayo superrealista sobre las ventajas de la densificación en vertical sobre la base de una malla rigurosamente cartesiana. Este libro serviría de catalizador para la efervescencia investigadora de los Países Bajos que, de la mano de Koolhaas y su órbita de pensamiento, propondrían desde entonces interesantes aproximaciones a fenómenos de alta densidad en África, el suroeste Asiático o ciertas conurbaciones urbanas europeas.

Sin embargo, el análisis de las diferentes densidades de población de las principales ciudades del mundo ofrece datos desconcertantemente divergentes entre sí. Madrid cuenta con 53,74 habitantes/hectárea, similares a los 51 hab./ha de Londres o los 49,5 de Buenos Aires. Sin embargo, la cifra alcanza los 84 hab./ha de Santiago de Chile o los 94 del Cairo, mientras que llega a descender a 35,5 en el caso de París o 29,5 en el caso de Roma: todas ellas ciudades de primer orden a escala global, que sin embargo llegan a duplicar o triplicar sus densidades de poblaciones correlativas sin que el hallazgo de un suelo o un techo legítimos sea fácilmente identificable. ¿Existe un tope a partir del cual la densidad de población deja de ser tolerable en términos de salubridad o eficiencia logística? ¿Tiene el desarrollo histórico de cada ciudad una influencia real sobre su densidad? ¿ En qué casos y en función de qué parámetros es sensato y conveniente uno u otro modelo de densificación? La diversidad de respuestas niega una respuesta consensuada: como variable cuantitativa, parece estar ligada a condiciones cualitativas de muy diversa índole.

Esta indescernibilidad de los valores óptimos de la densidad de población en términos genéricos, parece ir en paralelo a la consideración que desde las ciencias puras se ha tenido de la ‘densidad’ como abstracción. Y es que si en la geometría euclidiana la noción de 'lo denso' dependerá de las variables implicadas en el cociente que representa (densidad de población, de masa, de energía…), a lo largo del siglo XX se producirá un nuevo acercamiento a este parámetro desde las matemáticas topológicas. Capaz de dar una definición de densidad independiente de las unidades métricas que implique, la topología dirá: Un conjunto es denso en el espacio si está ‘cerca de todos los puntos’ de ese espacio. De manera más precisa, un conjunto es denso si su clausura es todo el espacio. Un conjunto se dice que es separable si tiene algún subconjunto denso y numerable. Esta definición genérica es referible a todo tipo de densidades, iniciando así una rama del estudio matemático capaz de funcionar para conjuntos y espacios de muy diversa índole: densidades atmosféricas, poblacionales, de flujos o de capitales encuentran en la topología una metodología de estudio común que proporcionará grandes avances en las ramas de la ciencia que se han hecho eco de ella. Pero de todas ellas, será la química la disciplina que proporcionará los datos más revolucionarios en torno a las densidades, al ser tradicionalmente la mecánica de fluídos una de las materias en las que el requerimiento a lo denso es más habitual. Y serán los químicos precisamente los que propondrán una de las teorías que más consecuencias ha tenido en la problemática que nos ocupa: la relación entre densidad y caos.
En los trabajos sobre los gases realizados por Ilya Prigogine(3) y que derivarían en lo que sería la célebre Teoría del Caos, el científico belga definiría la densidad como uno de los vectores fundamentales a la hora de evaluar la incertidumbre en los conjuntos complejos: existirían valores críticos de densidades a partir de los cuales los sistemas devienen caóticos o periódicos, en relación directa con su grado de desorden. En sintonía con la lógica difusa, las matemáticas estadísticas y la física del caos, la química de Prigogine requiere de cierto desorden para que los sistemas complejos que estudia funcionen minimizando la aleatoriedad. ‘A grandes densidades las fluctuaciones del sistema se tornan periódicas: la activación de un elemento se propaga en forma de onda. Pero entre ambos extremos (irregularidad y periodicidad) existe una densidad crítica, un punto de bifurcación, en el cual la información transmitida se hace máxima. La computación (la capacidad de un sistema complejo para captar y procesar información) a menudo aparece en la naturaleza cuando un sistema caótico llega a un punto crítico. Para procesar información se necesita un cierto grado de orden interno, que permita almacenar temporalmente cierta información. Pero la información ha de ser manipulable, por eso el desorden es necesario, para permitir la fluidez del sistema caótico’.
Este corolario casi paradójico supone un duro revés para la lógica con la que ha funcionado tradicionalmente el planeamiento urbanístico, deudor del positivismo en base al cual a mayor número de variables controladas, mejor será el funcionamiento del sistema urbano. Esta aceptación de lo no-ordenado como variable necesaria desembocaría en estudios que tangencialmente se pueden equiparar al que nos ocupa, como es el caso de los mecanismos de autoorganización de las colonias de hormigas. ‘Su comportamiento global sorprende: si contamos el número de individuos activos, a lo largo del tiempo, comprobaremos que el número fluctúa con una periodicidad de unos 25 minutos. Cada cierto tiempo ningún elemento está activo. Ese ciclo de actividad podría ser sólo un reflejo de sincronización, sin embargo la actividad individual es totalmente aperiódica, caótica, sin ningún tipo de regularidad intrínseca. Al aumentar el número de individuos aparece un comportamiento colectivo hasta que, para cierta densidad de hormigas, comienzan a aparecer oscilaciones regulares. Si artificialmente cambiamos la densidad de las hormigas la colonia redefine sus fronteras, para volver a la densidad óptima para mantenerlas autoorganizadas. En esa densidad crítica el sistema se comporta como un todo, a medio camino entre el orden y el desorden.’

Las implicaciones metodológicas en los estudios urbanos de esta correlación entre densidad y caos no ha pasado desapercibida a las ciencias humanas desde los años 80. Así, en su ‘Naturaleza del espacio’ el geógrafo Milton Santos(4) propone un acercamiento multidisplinar a la problemática de la densidad en la que ésta se refleja como una variable rica en potencialidades, en la medida en que favorece hábitats auto-organizados y en los que los desequilibrios tienden a ser limados por la propia naturaleza entrópica de lo denso mediante una de las más destacadas cualidades de las ciudades densas: la proximidad entre sus habitantes. Proximidad que para J.L Guigou(5) puede ‘crear la solidaridad, lazos culturales y de ese modo la identidad’, virtud especialmente fértil en los casos de emigración y desterritorialización tan habituales en la urbe genérica global que nos ocupa. En la misma línea de pensamiento, Jean Duvignaud(6) investigará el papel de la vecindad en la producción de la conciencia, al identificar “densidad social” (cohabitación de los seres humanos en un mismo ámbito más o menos cerrado) con ‘una acumulación que provoca un cambio sorprendente, movido por la afectividad y la pasión, y que conduce a una percepción global y holista del mundo y los hombres’ y en la que la falta de desplazamientos reales por el espacio será sustituida por la riqueza de los ‘viajes interiores’ de sus habitantes en convivencia. Asimismo, Teilhard de Chardin(7)hablará de una ‘presión humana’ como ‘acumulación creciente de los hombres en espacios limitados, como un factor de cambio cualitativo y rápido de las relaciones sociales en el mundo contemporáneo’. A este respecto, Gaston Berger(8) trazará un paralelismo entre esta proliferación de los intercambios afectivos y subjetivos en los espacios dénsamente poblados, con ‘el fenómeno físico por el cual la presión de un gas depende del número de moléculas comprimidas y aumenta también con la elevación de la temperatura, esto es, con la agitación de las partículas.’

Comprobamos por tanto que el estudio morfológico relacionado con la densidad implica trabajar con el aparataje conceptual propio de la topología y las matemáticas del caos. De este modo, en la literatura del ramo encontramos constantes referencias a pliegues, zonas de bifurcación, espacios de probabilidad, transformaciones, membranas, la Teoría de las Catástrofes de René Thom(9), términos todos ellos tan habituales en la prensa científica como en las memorias descriptivas de muchos proyectos arquitectónicos de los estudios holandeses más recientes: el feedback entre planeamiento y ciencia de última generación parece constante. Pero si nos retrotraemos a la química ‘clásica’ de Arquímedes o Mendeleiev, encontramos nuevamente conceptos que nos ayuden a trabajar con rigor con la complejidad de los procesos de densidad.
Y a este respecto, la cuestión fundamental será su naturaleza estadística: siendo la relación entre una determinada población y el espacio que ocupa, una misma área de estudio puede aparecer computada bajo diferentes valores de densidad en función de la dimensión que se considere para su estimación.
Esta naturaleza variable y relativa de la densidad dificulta enormemente la sistematización lógica de los valores óptimos o pésimos en el diseño de las ciudades , en la medida en que se presta a cálculos manipulables en función del espacio que se considere y el valor que se quiera obtener. Conscientes de la problemática de esta condición estadística, los químicos han intentado hacer ejercicios de desambiguación mediante la clasificación de las diferentes maneras de obtener su valor. De todas las taxonomías al respecto (densidad media / puntual, densidad directa / indirecta…) las que más nos interese serán las que diferencien la densidad aparente de la real, y la absoluta de la relativa.
La densidad aparente es aquella que no tiene en cuenta la compactación que eliminaría los espacios que no forman parte de la distribución de poblaciones. Es decir: la densidad real, rigurosamente hablando, es aquella que elimina del cálculo los espacios que en ningún caso aceptan la redistribución de las masas
Por otro lado, frente al valor de la densidad absoluta como ‘relación entre la masa y el volumen de un cuerpo’ existe la variable densidad relativa, que valora dicha densidad en relación a la del contexto en el que se inscribe el conjunto: la densidad es pues función no sólo del ‘hacia adentro’ sino del ‘hacia fuera’, de los grados de contraste, opacidad y permeabilidad con las otras densidades que la rodean.
De todo ello obtenemos la conclusión capital de que la densidad nunca podrá ser considerada una medida neutra y absoluta, sino que su estudio requiere abordarla evaluando los diferentes parámetros que se han tenido en cuenta para su obtención:
- Los límites del área-estudio considerada, y la legitimidad de dicha demarcación.
- Las densidades de las zonas limítrofes y del conjunto de grado superior (la ciudad) que la contiene, y bajo qué circunstancias se ha producido ese nivel de densificación.
- Las simplificaciones que se hacen para el cómputo de la densidad, al no considerar la existencia de zonas que no permiten flujos de densidad en su interior.
- Las variables cualitativas en juego, que relativizan y matizan el valor general de densidad.
- Las variaciones estadísticas de densidad dentro del área considerada: no se trata de un parámetro homogéneo, sino que su distribución en el espacio es discontínua y heterogénea.
- Las membranas reales o imaginarias que funcionan como límite / frontera con el contexto, y sus grados de permeablididad.
- Y, por último, las cuestiones morfológicas en correlato con lo denso, la forma de su materialización en función de conceptos como ocupación del suelo, relación entre público / semipúblico / privado, peatonal frente a lo rodado, etc.
Todos estos aspectos, serán métodos utilizados en un estudio concreto aplicado al barrio del Agra del Orzán, que incorporando realidades ya consolidadas, proporcionarán resultados de utilidad para su desarrollo.



El barrio del Agra del Orzán con una población cifrada en 29.139 habitantes, y una superficie de 32.2 ha., contiene la densidad más alta de la ciudad: 688.87 habitantes/ha, distribuida en una agrupación de manzanas compactas que consumen todo el espacio disponible y que delimitadas a partir de la red de caminos rurales preexistentes se presentan tan sólo ‘ordenadas’ por la estructura básica de las dos rondas definidas en el plan general de 1948.
Un estudio de la génesis del barrio nos ayudará a entender los procesos de formación del mismo.

El área del Agra del Orzán acoge en los años posteriores a la Guerra Civil, la población inmigrante proveniente del rural. Esta población se distribuye en vivendas unifamiliares con un pequeño espacio de huerta asociado, estas construcciones recibían el nombre de ‘ranchos’.

Aparece así entorno a la ciudad central una extensa periferia, donde se alternaban asentamientos de nueva creación que funcionaban como centros de abastecimiento del mercado urbano, grupos de ‘viviendas protegidas’ de promoción municipal o estatal (Labañou, San Pedro de Visma, Agra del Orzán) pequeños talleres e industrias, y antiguos asentamientos rurales tradicionales incorporados a la ciudad.
Las carreteras eran los ejes estructurantes, y en torno a ellas se soldaban los antiguos núcleos, destacando el eje de Santa Margarita al Ventorrillo.

Del año 1948 es el plan de alineaciones, documento que proyecta ya las dos rondas sobre las que se apoyará la futura ordenación del barrio .

El barrio del Agra del Orzán introdujo un esquema anular, en una estructura urbana radial, planteando serios problemas de conexión con el resto de la ciudad. Este esquema anular de ordenación responde a condicionantes topográficos. El barrio del Agra se localiza sobre la colina occidental respecto a la ciudad central, su fuerte pendiente en dirección este-oeste, favorece la ocupación por parte de la edificación en dirección norte-sur, generando así, problemas de comunicación con el tejido urbano anexo.
En un plano anterior al de alineaciones de 1948, proyectado por el arquitecto César Cort, se observa la citada estructura viaria radial, óptima para el desarrollo de la accesibilidad a la particular geomorfología de la ciudad de La Coruña.

El periodo que va desde el año 1956 hasta el año 1971, es una etapa de clara desarticulación urbana, cuyo comienzo puede cifrarse en la formulación del Plan de 1948.
Durante estos quince años se produce en España un fuerte desarrollo económico, acompañado en ocasiones de una pérdida de la calidad urbana en las nuevas ordenaciones planteadas, y en la ciudad heredada, sometida la disciplina urbanística al fenómeno de la especulación.

Un tema fundamental para la comprensión de la génesis del barrio es la parcela individual, promovida su edificación por promotores individuales con sistemas de autofinanciación por la venta directa.
La obtención rápida de beneficio puede explicar la mala calidad de las construcciones. Paradójicamente esa parcelación introdujo un ritmo heterogéneo en las calles, dentro de la uniformidad general de la ordenación, que resulta un factor positivo.
En la década de los setenta el Agra del Orzán, junto con el barrio de los Mallos, se convierte en una de las áreas de mayor crecimiento de la ciudad de La Coruña, continuando con la acogida de inmigrantes del rural gallego.

La densificación del tejido urbano en el barrio se produce a través de la edificación en altura- 5 y 7 plantas de altura media, y 15 plantas en las avenidas-, este hecho junto con la localización del barrio sobre una colina produce la ruptura de imagen del perfil urbano característica del barrio del Agra del Orzán.

El peculiar proceso espóntaneo de ordenación, contribuyó al deterioro urbano, la falta de previsión a la hora de proyectar la necesaria pantalla verde de protección entre el barrio y el polígono industrial de la Grela-Bens es un ejemplo más.
Pese al aparente desorden urbano, el Agra del Orzán ha ejercido y ejerce una función esencial en la contemporaneidad coruñesa, asumiendo la masiva llegada de inmigrantes procedentes del rural gallego. En un entorno urbanístico violento, nuevas generaciones siguen habitando el Agra, esta vez procedentes de África y América.

Integrando a la población foránea, el barrio tiene un ritmo y carácter propios, a valorar y defender.

La carencia de ‘espacio público’ o vacío cualificado y su localización no planificada y hasta insólita obliga a consideraciones desprejuiciadas sobre los diferentes aspectos ambientales y sociales que se muestran en el barrio.

La plaza de Conchiñas-con 3.000 m2-, y la calle Barcelona -8.500 m2-, constituyen la única superficie de espacio público disponible en el barrio, que con una población cifrada en 29.139 habitantes, establece una relación de 1 m2 de espacio público por cada 3 habitantes.
El barrio del Agra del Orzán, presenta una delimitación clara; en su vertiente este limitado por la Ronda de Nelle, en la oeste por la Ronda de Outeiro, fruto ambas del plan de alineaciones de 1948; el parque del Observatorio en su orientación norte, y en la sur quedaría limitado por la avenida de Finisterre. El perímetro del barrio conforma un ámbito de 1km lineal en dirección Norte-Sur, y medio kilómetro en dirección este-oeste, acotando una superficie de 32.2 Ha.

Así, podemos establecer una relación de 11.500 m2 de espacio público en 322.000 m2 de espacio disponible.

No existe ningún equipamiento público en el barrio. La activa red ciudadana, se relaciona en los bajos de las edificaciones residenciales. Bajos comerciales de titularidad privada, que funcionan de improvisados equipamientos de barrio.

La carencia de espacio público junto con espacio dedicado a equipamientos es más que manifiesta, por tanto.

En este contexto, los terrenos ocupados actualmente por las instalaciones del Observatorio, constituyen un lugar de alto potencial estratégico para el barrio. Se trata de un espacio libre que podría contener su expansión, conectándolo a su vez, con otras áreas de la ciudad: el entorno de San Pedro de Visma, Loureiro, el barrio de Marineros, el barrio de Peruleiro y la ciudad jardín-Riazor-Centro.
Una operación de ocupación residencial, maquillada de ‘parque urbano’ o ‘zona verde’, que pretende la construcción de un modelo residencial de alta densidad -con una edificabilidad de 1.23 m2/m2- , y que el Plan General incluye como ‘área de planeamiento incorporado’ sin más reflexión, amenaza seriamente esta posibilidad.

Los vecinos del barrio, a través de opiniones individuales o agrupadas en asociaciones, han mostrado su inquietud acerca del futuro de los terrenos del Observatorio. La opinión es generalizada, coinciden en la necesidad de disponer de este espacio libre como parque público y libre de edificación residencial.

Por último, la construcción espontánea de las manzanas, ordenadas únicamente según criterios de propiedad y beneficio, provoca nuestra atención sobre los patios interiores de las mismas.

Constituye una estructura dentro del barrio de mucho interés. Un sistema de vacios comunitarios de gran superficie, que proporcionan descompresiones en las altas densidades y que podrían complementar-junto con el parque del Observatorio- la escasa red de espacios públicos disponibles.
Son vacios tranquilos, guardados con celo por sus propietarios. Será necesario un estudio detallado y cuidadoso, orientado a ajustar grados de comunidad, manteniendo sus valores dentro de los deseos de los vecinos. La propuesta de puesta en valor y uso de los patios debe pasar por un estudio de las formas, definición de límites con la calle, mayor o menor permeabilidad, usos contenidos en los límites, posibilidades de agrupamiento, conexión dentro de una estructura general de patios...

La actividad desarrollada en el barrio del Agra del Orzán , dentro del proyecto ‘a cidade dos barrios’ consistirá en el desarrollo de la puesta en valor y uso de uno de estos patios, a través de la proyección de un proyecto-documental que recoge las impresiones e inquetudes de los habitantes del Agra.



EL PARQUE:

El Plan General de Ordenación Urbana de la ciudad de La Coruña incorpora en su documento el ‘Parque del Agra’, recogido como ‘área de planeamiento incorporado’. La ordenación del ámbito responde a un modelo residencial de alta densidad con una edificabilidad de 1.23 m2/m2.

El ámbito de suelo urbanizable cuenta con 3.14 Ha. de superficie disponible, destinando 39.335 m2 de suelo a superficie residencial, desarrolladas a través de un plan parcial. El suelo dedicado a ‘zona verde’ es de 14.000 m2, ocupa las zonas de máxima pendiente, difícilmente recorribles.
La zona verde propuesta por el plan parcial contenido en el Plan General, constituye un vacio intersticial al parque de viviendas, no está pensado desde un punto de vista estructural de conexión con los tejidos adyacentes, ni organiza una red de espacios libres cualificados.

Los terrenos del parque del Observatorio, poseen cualidades intrínsecas excepcionales, no se trata de un ‘solar’ más.
Su posición privilegiada en cota alta respecto a la ciudad central, lo dotan de singulares vistas sobre la misma.
Poseé además, huellas históricas de gran calidad urbana, como el propio edificio del Observatorio del Instituto Nacional de Metereología, construcción racionalista de princicipios del siglo XX y una escalera de conexión del mismo con la Ciudad jardín, estructura urbana excepcional, hoy intencionadamente ‘olvidada’ por la ciudad, y que necesariamente debe recuperarse como paradigma de los últimos vestigios de un ‘saber hacer’ urbano local patrimonio de todos.

La recuperación de los terrenos del Observatorio como auténtico parque urbano, libre de edificación, es una premisa fundamental para recuperar la confianza de una ciudadanía ‘estafada’, e imprescindible para formular cualquier estrategia futura sobre el barrio.



LOS PATIOS:

Atendiendo a relaciones diferenciadas entre densidades reales y aparentes, obtenidas a partir de la lectura de cartografías convencionales, observamos que existe una importante superficie del barrio consumida por el espacio que encierran las manzanas.

Se trata de un sistema de espacios acotados, de titularidad privada, con un alto grado de impermeabilidad respecto a los espacios públicos del barrio y que cuya capacidad de admitir flujos de densidad pública es muy reducida, lo que provoca fuertes desajustes entre los cómputos obtenidos por las estadísticas oficiales para densidades aparentes, que sí consideran la superficie de estas zonas ‘muertas’, y densidades reales, mucho mayores, por tanto, que las aparentes.

La gran cantidad en número y superficie de estos patios de manzana y su distribución homogénea dentro de la traza del barrio, permite considerar este conjunto de vacíos como un sistema determinante para la localización de las densidades.

Su heterogeneidad morfológica señala una gran complejidad en sus condiciones y una difícil lectura.

El Plan General de ordenación urbana de A Coruña, de reciente aprobación, detecta ya la importancia que pueden tener los patios para ‘solucionar’ problemas derivados de la altísima densidad actual.
No obstante, su capacidad es minimizada al aplicar herramientas que solamente permiten considerar aquellos vacíos que dispongan de características fácilmente asimilable a modelos conocidos de ‘espacio público’ oficial, en cuanto a morfologías y sistemas de propiedad.
Las complejas condiciones que se dan en los patios del barrio del Agra del Orzán provocaría la eliminación de la mayoría de ellos de los estudios Municipales y por tanto, de su contribución a los desarrollos urbanos planificados.


Considerado entonces el potencial que otorgamos al sistema de patios como elemento útil de estudio urbano, decidimos aislar uno de sus elementos, y otorgarle la capacidad de albergar la mitad práctica del proyecto ‘a cidade dos barrios’ y que consiste en la realización de una actividad de carácter público que convoque la mayor participación ciudadana posible.




La proyección pública de un documental que recoja las opiniones de los vecinos sobre los aspectos que reclaman su interés, ya utilizada como elemento de confrontación en el análisis del barrio de la Pescadería, incluida en el proyecto general ‘a cidade dos barrios’, trasladada directamente a uno de los patios de manzana, que habría sido seleccionado en función de aspectos utilitarios, como su morfología adecuada al uso concreto, buena accesibilidad y posición visible dentro del conjunto, permitiría obtener datos de mucho interés respecto a sus condiciones actuales y capacidades futuras.

Debido a la altísima densidad residencial existente actualmente en el barrio, que desconcentra su actividad pública en el muy escaso espacio disponible para ello, los patios de manzana se convierten en descompresores necesarios de actividad, que a su vez, sobrecargan de uso a los primeros.

La impermeabilidad de sus límites físicos, su compleja morfología y la excesiva acotación de la propiedad, incrementan esta tendencia, provocando un comportamiento muy estático del sistema.
Todos estos factores desaconsejan su incorporación inmediata y directa al conjunto de espacios públicos actualmente disponible.
La intención inicial de realizar la proyección de un documental, una actividad con una previsible alta participación pública en el interior del patio seleccionado, resultaba entonces muy poco adecuada.
Probablemente sea imprescindible incrementar la cantidad de espacio público “convencional”, incorporando el Parque del Observatorio al cómputo de vacíos públicos, para que la relación entre patio y calle se suavice.

Se propone un estudio minucioso de los grados de comunidad admisibles dentro de los patios, que llevarían a incorporar usos que quedarían definidos en función del número de participantes adecuados, a superficies y morfologías concretas, así como a oportunidades de oferta dentro del sistema general.

Se propone la mejora de los accesos a los bloques de viviendas y servicios comunes, y su concentración y traslado al interior de las manzanas, la ocupación del espacio obtenido en la agrupación mediante aparcamientos, pequeños equipamientos o usos complementarios que mejorarían el programa de las viviendas existentes.

La concentración de elementos comunes provocaría una necesaria consideración y visualización de cada uno de los elementos-patio en pertenencia a un sistema general, mediante la construcción de la permeabilidad real de sus límites respecto al espacio público, liberados ahora, los espacios destinados a “portales” de entrada.
El diseño de estas y otras acciones, que exceden el alcance del presente estudio, formarían un sistema concatenado de pequeños movimientos de gestión comunitaria, coordinados dentro de un sistema general de “reglas comunes” que provocarían avances importantes a medio plazo.


Finalmente, para albergar la proyección del documental se optó por considerar otro de los elementos importantes del análisis, el sistema general de espacios públicos disponibles dentro del barrio, concretamente la calle Barcelona, el espacio público de mayor importancia, auténtico contenedor de la actividad pública.

El punto de contacto de esta plaza de proporción imposible con el todavía no activado Parque del Observatorio parecía una situación adecuada para visualizar las opiniones de los vecinos.

La reutilización de elementos y conceptos ya aplicados en el estudio de “la Pescadería”, constataron las dificultades derivadas de la altísima densidad existente de movimientos y usos que soporta la calle-plaza Barcelona.

Los asientos fijos habituales en una proyección de cine fueron en este caso sustituidos por cajas desmontables, apilables, ligeras y de fácil traslado y reconfiguración, que fueron haciéndose sitio entre el disperso y diverso mobiliario urbano, los tránsitos constantes hacia los numerosos garajes privados y los portales de entrada a los bloques de viviendas, el acceso a contenedores enterrados de basura, el traslado a la calle de múltiples actividades públicas y privadas, y el mayor o menor interés que la proyección despertó sobre los vecinos, provocó finalmente una colisión muy fructífera, que anima la continuidad del análisis.


agosto 2010. pescadería20 para acidadedosbarrios*.


-(1) [GEORGE, Susan; ‘El informe Lugano’, ed. Icaria, Madrid, 2001]

-(2) [KOOLHAAS, Rem; ‘Delirius New York, a retroactive manifiesto from Manhattan’, Academy Editions, London, 1978.]

-(3) [PRIGOGINE, IIia; ‘Las leyes del caos’, ed. Crítica, Madrid, 1997]

-(4) [SANTOS, Milton; ‘La naturaleza del espacio, ténica y tiempo. Razón y emoción’, ed. Ariel, Barcelona, 2000]

-(5) [GUIGOU, J. L.; ‘Cooperation Intercommunale ed developpement par la base. Le developpement decentralise’, ed. Litec, París, 1983]

-(6) [DUVIGNAUD, Jean.;’La solidarité, liens de sang et liens de raison’, ed. Fayard, París, 1986]

-(7) [de CHARDIN, Teilhard.;’La energía humana’, ed. Taurus, Madrid, 1962]

-(8) [BERGER, Gaston, ‘Phénoménologie du temps et prospective’. Presses Universitaires de France, París, 1964]

-(9) [THOM, René.;’Parábolas y catástrofes, ed. Tusquets, Barcelona, 1965]



martes, 28 de septiembre de 2010


gran profusión de monstruos, todos los tamaños y colores

lunes, 20 de septiembre de 2010

miércoles, 15 de septiembre de 2010

miércoles, 1 de septiembre de 2010

La ‘Ciudad genérica’ tal y como fue descrita por Rem Koolhaas en su texto de 1994 (1), traía al centro del debate urbanístico una realidad que parecía estar abriéndose paso apresuradamente en el devenir de la urbe contemporánea. Mano a mano de la globalización económica, y quizás como distopía patológica del proyecto moderno, Koolhaas describía un paisaje urbano idéntico en todas las ciudades del planeta, caracterizado por la uniformidad, una ‘neutralidad’ sólo aparente, la disolución de las singularidades sociales, geográficas y culturales, y la primacía de las grandes infrastructuras y redes como nodos de proliferación del ‘pensamiento único’. Esa ciudad indeterminada, genérica y omnívora era promovida por grandes grupos de poder económico trasnacional con la acquiesencia de los gobiernos locales, desbordados ante el imperativo del éxito económico en el nuevo ruedo de escala planetaria, y se materializaba a través de un nuevo programa arquitectónico en el que el pequeño comercio era sustituído por franquicias y ‘shopping malls’, donde el ciudadano sedentario daba lugar a un nuevo urbanita nómada y desterritorializado, y donde la uniformidad arquitectónica era articulada únicamente a través de súper-intercambiadores, grandes edificios ‘espectáculo’ y redes metropolitanas: lo local implosionaba aplastado por la gran maquinaria uniformadora capitalista, y la preexistencia histórica era fosilizada mediante la gentrificación y el pintoresquismo de ‘parque temático’. El mundo se atomizaba en una multiplicidad de ‘ciudades estado’ que funcionaban como órganos de gobierno, jerarquizadas en función de su peso económico en un nuevo organigrama de escala planetaria, y cuyo fin último era la gestión del Caballo de Troya de la globalización.
Como concepto, la Ciudad Genérica podía parecer aterradora o paradógicamente saludable, pero en cualquier caso no era más que la irrupción en la literatura arquitectónica de un asunto y un estado de ánimo que llevaban ya décadas resultando cruciales en el pensamiento sociológico y filosófico. Ya en los años 70 Francois Lyotard (2) advertía de los peligros de un nuevo modelo de ‘Economía libidinal’ basada en la seducción y el deseo, y que dinamitaba las relaciones biunívocas del paradigma marxista de infrastructura / estructura / superestructura.
Deleuze(3) denunciaba la desterritorialización del hombre contemporáneo y la necesidad de re-construirse una identidad en un paisaje de flujos y códigos totalizadores, en un nuevo escenario global dominado por la esquizofrenia del mercado libre de escala planetaria, cuyo desarrollo parecía requerir la desaparición de esa obstrucción incómoda a la agenda globalizadora que es lo singular, lo histórico, lo local. Desde la sociología, Alain Touraine(4) proponía el término ‘sociedad posindustrial’ o ‘sociedad programada’ para cartografiar un mundo de capitalismo difuso y extensivo que operaba mediante dispositivos subliminales no muy distantes de las ‘sociedades de control’ descritas por Foucault(5), y tendente a aniquilar toda situación de heterodoxia o disidencia ideológica mediante sutiles procesos uniformadores. La operatividad de los gobiernos aparecía muy limitada por la potencia de las estructuras bancarias y comerciales globales, y los estados nacionales se transformaron en maquinarias burocráticas obsoletas, frente a las que sociólogos de la importancia de Claus Offe(6) o Alberto Melucci (7)proponían una acción social de resistencia basadas en el coperativismo, la reivindicación de las singularidades identitarias y la acción micropolítica desde el día a día cotidiano.
Pero esa ciudad genérica no crecía en la nada, no sólo tomaba cuerpo en las periferias o en las urbes emergentes: su estrategia de proliferación era vírica, crecía por contagio, y su éxito empezaba por la conquista de los núcleos urbanos históricos, reinventados como centros de mando territoriales sometidos al imperio emergente de lo global.
El debate en torno a la neutralización de lo singular alcanza no sólo a las grandes megalópolis de las que hablaba Koolhaas, sino que en cualquier pequeña capital de provincias se pueden rastrear sus efectos: en una ciudad como A Coruña sentimos ya los efectos de su llegada, no sólo ‘por activa’ en las grandes intervenciones a escala metropolitana, sino ‘por pasiva’ en sus efectos colaterales sobre ámbitos que en el nuevo organigrama económico-político dejan de resultar competitivos.
La ‘Ciudad genérica’ no son sólo el gran puerto exterior, los grandes lotes residenciales de la periferia, la multiplicación del ‘mall’ y el edificio-espectáculo, las franquicias, los multicines y las multinacionales.
Su músculo alcanza otras latitudes: por abandono y decadencia, el centro urbano, antiguo núcleo identitario e icónico de ‘el alma de la ciudad’, está sufriendo aceleradamente la onda expansiva de este sismo cuyas mutaciones alteran la naturaleza del espacio colectivo, la relación entre centro y periferia, el vínculo entre vivienda y lugar de trabajo y, en fín, el modo de vida del ciudadano y su armonía con el entorno construído.
El uso cotidiano de la toponimia nos pone en la pista de la vigencia del fenómeno: el espacio al que todo coruñés se refiere hoy con un aséptico y neutral ‘el centro’ era hasta hace muy poco conocido como ‘la pescadería’, un término profundamente arraigado en el imaginario colectivo y que se refería a un barrio próspero y con personalidad, cuyas singularidades comienzan a ser olvidadas a causa de las inercias derivadas de su condición de Centro.
Esa dialéctica (no siempre pacífica) entre la naturaleza ‘barrio’ y la naturaleza ‘centro’, deriva en una situación de fluctuaciones y tensiones que aceleran el desequilibrio interno y la decadencia de aquellas zonas que, por motivos complejos y de muy diversa índole, se resisten a encontrar acomodo en el nuevo modelo de Ciudad Genérica Global.
‘La pescadería’, como término, se debe a la secular vinculación histórica entre el barrio y el mar: situado en el ismo de A Coruña, vivió sus épocas de mayor esplendor en relación de la prosperidad del puerto, con el que mantenía una relación de simbiosis pacífica. El barrio albergaba las grandes instituciones de poder económico e institucional (ayuntamiento, gobierno civil, Banco Pastor, espacio social simbólico...) pero basaba su sostenibilidad económica y social en la armonía entre vivienda y sector servicios.
Sus calles albergaban pensiones para el marinero, tascas y cantinas, pequeño comercio, artesanazgo, mercados de barrio y, claro, pescaderías. El cuidado y manutención de sus redes sociales corría a cargo del ‘vecino de toda la vida’, y su vinculación al puerto daba carta de identidad a una ciudad cuya ‘aura’ en el imaginario colectivo siempre tuvo mucho de marinera.
Sería necesario un debate en profundidad sobre cómo el inminente P.G.O.M.(8) gestiona esa crisis de la vieja ciudad histórica e identitaria, y pone en funcionamiento los dispositivos urbanísticos implicados en la consecución de esa hipotética y temida ‘ciudad genérica’.
Centrándonos en el análisis que ofrece el plan al respecto de la zona de la Pescadería, la acción estratégica de mayor envergadura para el barrio es la eliminación del antiguo puerto y la implantación de un gran lote residencial y de espacio público en sus antigua ubicación. Valorar la potencial agresividad (en lo social, lo cultural y lo económico) de dicha decisión excede los límites de este trabajo, pero a priori parece en sintonía con las últimas intervenciones municipales en la zona: la apuesta por grandes edificios dotacionales de escala metropolitana (fundaciones, palacio de congresos, puerto deportivo), la promoción de la hostelería de nivel medio-alto (hasta cuatro grandes hoteles llegan a rodear el barrio), la apuesta por una economía de servicios ligada a multinacionales y grandes empresas sin vinculación con la ciudad, y la teatralización de ciertos espacios históricos en base a su pintoresquismo y atractivo para el turista.
El mismo P.G.O.M se limita a catalogar y proteger ciertos espacios puntuales en la zona de Cordelería-Orzán por su interés arquitectónico y ambiental, sin proponer medidas concretas orientadas a promover su prosperidad económica en este contexto en el que el empuje de los fenómenos globales no hacen sino asfixiar con sus prerogativas la sostenibilidad del tejido social existente. Quizás lo más significativo que el P.G.O.M ofrece sobre la Pescadería en cuanto barrio, es por omisión.
Mientras las fuerzas económicas implicadas en el plan debaten la conveniencia o no de los aspectos centrales a largo plazo de la ciudad, el barrio parece haber quedado obsoleto, fuera de plano.
La llegada de las grandes superficies y la nueva forma de vida ligada al coche, ha mermado severamente la capacidad de reacción del comercio local y familiar existente hace unas décadas, y que ahora muestra su impotencia para competir con el empuje de la nueva ciudad genérica que apuesta por la condición de centro.
Fenómenos como el botellón, la prostitución o el ocio nocturno (que ocupan el barrio en base a su centralidad) y el colapso del modelo económico familiar preexistente, han propiciado la huída a la periferia de las familias trabajadoras, de tal suerte que la población de la zona muestra una de las mayores tasas de envejecimiento de la ciudad. Ello deriva en la ausencia de grupos de presión social verdaderamente eficientes y con capacidad para funcionar como contrapeso a la presión del mercado del suelo: de esta manera, proliferan los fenómenos de deterioro arquitectónico y ruina.
La especulación ha entrado en ciertas zonas céntricas en forma de grandes promotoras que, ante el desinterés municipal por el barrio, compran edificios en semiruina y habitados únicamente por ancianos, que se dejan sin cuidar hasta que el inevitable deterioro permita su derribo y sustitución por edificaciones de nueva planta. Todo ello vinculado a una apuesta silenciosa por la gentrificación a medio plazo: la sustitución de la masa social que históricamente ha ocupado el barrio (esencialmente, clase trabajadora) por nuevos ciudadanos de mayor poder adquisitivo, que demandan otro tipo de estructura económica incompatible con la ya existente.
En esta situación de litigio entre dos modelos de ciudad (aquella singular y cargada de memoria, y su némesis genérica, neutra y global) uno de los grandes damnificados es el espacio público.
Este concepto invoca un debate que, de nuevo, excede los límites de este trabajo: las nuevas formas de socialización y su formalización en la ciudad frente al empuje de las formas de vida posmodernas es una cuestión estructural al urbanismo contemporáneo, y que desborda la naturaleza del ejercicio planteado: sin embargo, nuestra apuesta desde el principio estuvo vinculada a cierta línea de pensamiento que promueve el aprovechamiento de zonas muertas y espacios potenciales como forma de revitalizar el espacio público sin necesidad de optar por grandes cirugías urbanas o estrategias legislativas maximalistas.
Intentamos explorar la capacidad de un tejido urbano histórico, singular, heterogéneo y plural de generar sus propios dispositivos de resistencia frente a lo genérico, lo reglado y lo parasitario. Buscamos una acción sencilla que, movilizando pequeñas y silenciosas fuerzas ya implantadas en el barrio, y aprovechándonos de su peculiar forma geográfica, fuese capaz de servir como alternativa al modelo urbano de la calle-corredor transformada en centro comercial abierto, el ocio generalista para masas anónimas, y la normalización uniformadora propias de los espacios reglados en base a la especulación económica.
La actividad escogida fue la de proyectar cine en la calle, pero pudieron haber sido muchas otras diversas conforme a nuestro planteamiento: se trataba de que los vecinos se reuniesen en la calle, pacíficamente, sin la necesidad de una ‘reivindicación’ política como justificación del acto, y por el mero placer de disfrutar de un espacio cuyo uso les corresponde legítimamente.
Una actividad que no necesitase de militancias para su asistencia, y que, pacíficamente, sirviese de ejemplo de la multiplicidad de alternativas potenciales y de pequeña escala a las que apelar para reactivar áreas urbanas en decadencia programada. Era, pues, un ejercicio de resistencia del barrio, y de reinvención de lo cotidiano en sintonía con el pensamiento de Michel de Certeau(9).
Habiendo optado por las proyecciones cinematográficas, fue sencillo encontrar en el propio barrio un aliado para la acción: allí se encuentra el Centro Galego das Artes da Imaxe, que ofrece cine de calidad a escasos metros de los grandes multicines del puerto, y a cuyas proyecciones acuden (¿inesperadamente?) muchos de los habitantes de la Pescadería.
La colaboración con el CGAI resultaba perfectamente compatible con el espíritu de nuestra intervención: se trata de una institución en la que prima la apuesta por la calidad frente al generalismo del ocio para las masas, de relación personal y cercana con el espectador, de pequeñas dimensiones y maneras artesanales, ajena al intervencionismo político y las presiones económicas.
Con ellos pactamos la búsqueda de viejas películas cuyo contenido tuviese que ver de un modo u otro con la problemática de la evolución de las ciudades y su impacto sobre la vida cotidiana de sus habitantes: de este modo, junto a filmaciones documentales de la ciudad tal y como era hace unas décadas, se nos propuso la proyección de ‘Camarote de lujo’, película filmada en A Coruña y centrada críticamente en la situación del emigrante del éxodo rural, y ‘El pisito’, comedia ácida sobre la relación inevitable entre miseria, avaricia y especulación.
Películas, en cualquier caso, opuestas a esa naturaleza totalitarista, abyecta y alienante del “espectáculo” tal y como lo describía Guy Debord(10) en sus escritos situacionistas.
Como complemento a las proyecciones, se realizó un proyecto-documental, ilustrado con imágenes obtenidas en ‘derivas’ sin planificar en las que se filmaron situaciones cotidianas de la vida en el barrio.
La realización del documental, en lo que tuvo de contacto directo y en profundidad con los debates e inquietudes vecinales, terminaría por confirmar muchas de las intuiciones de las que partíamos, y dar voz a aquellos a los que corresponde decidir las cuestiones que habría que tener en cuenta para cualquier intervención urbanística sensata y plural.
Para la elección de los emplazamientos, recurrimos a un concepto de Ignasi Solá-Morales(11) cuya vigencia no hace sino crecer en la presente tardomodernidad: el ‘terrain vague’, los espacios residuales o en situación de desuso, que exceden por algún motivo su calificación urbanística legal, y cuya potencialidad de usos imprevistos se sustenta sobre el sentido que Deleuze daba a ‘lo virtual’.
Frente al ‘no-lugar’ de Marc Augé(12) como situación fáctica y actual de deshumanización, el terrain-vague es virtual en lo que tiene de no-codificado, de pliegue entre situaciones regladas, y de área de pura potencialidad cuya apropiación corresponde, en última instancia, al ciudadano.
Si bien a nivel socioeconómico la zona centro funciona como una constelación de situaciones dispares (espacios simbólicos, populosas vías comerciales, zonas en sombra, vacíos, espacios olvidados...) su trazado urbano sigue una misma configuración en todo el barrio: vías longitudinales de comercio y tránsito, y otras trasversales semiocultas que funcionan como vías de servicio a las primeras. En esta configuración inicial encontramos numerosos accidentes y singularidades tales como estrechamientos angostos, cruces de calles, ensanchamientos puntuales, usos espontáneos, ‘refugios’ naturales y nodos de uso ambíguo, perfectamente acordes con la tesis de SoláMorales.
Y de entre todos ellos, decidimos desde un primer momento seleccionar únicamente aquellos ubicados en la zona del barrio que con mayor virulencia ha sufrido la decadencia y semiolvido como consecuencia de la aparición de los usos genéricos: entre la calle San Andrés y la plaza de Orzán, entre Panaderas y la Plaza de Pontevedra, el área urbana articulada en torno a los ejes Cordelería/Orzán y donde el barrio cotidiano y singular sobrevive con mayor grado de pureza.
Esa es la ‘zona cero’ de la problemática urbana de la que hablábamos, y tambien la zona donde una hipotética esencia de ‘la pescadería’ se mantiene más reconocible, en un equilibrio inestable pero, a su manera, vitalista.De los 7 enclaves iniciales que llegamos a considerar como susceptibles de dar sentido a nuestra acción, seleccionamos dos ‘plazas’ que de algún modo manifestaban fenómenos urbanos muy interesantes. Son ambas semidesconocidas por los ciudadanos foráneos al barrio, ejemplifican la heterogeneidad y singularidad del trazado viario, y surgen espontáneamente en el desarrollo de la zona (una como aprovechamiento de un solar vacío, la otra como un ensanchamiento existente).
Intuímos que la colonización efímera de esos espacios para una proyección en la calle, resultaría lo suficientemente sorprendente entre los vecinos como para que éstos descubriesen su utilidad potencial.
Sería un ejemplo de la multiplicidad de experiencias sociales espontáneas a las que se presta un entorno abandonado a su suerte por las autoridades, y la urgencia de salvaguardar la singularidad y poesía de unos ambientes y unas formas de vida que necesitan salir a la luz, significarse y autoafirmarse.
La intervención quería maximizar su sencillez y naturalidad, y por ello nos limitamos a utilizar los escasos medios necesarios para transformar un terrain-vague en una sala de proyección al aire libre: una pantalla, un proyector, unas pocas sillas (dada la intención doméstica del acto, no más de cien), y una cubrición que además funcionase como reclamo icónico.
Finalmente, nuestro acercamiento a la problemática de las dinámicas del centro en A Coruña, descubre fenómenos y patologías muy habituales en otras ciudades europeas del mismo tamaño: las inercias resultantes del tránsito de las ciudades en las que el tejido productivo e industrial estaba muy articulado cultural y económicamente en lo urbano, hacia un nuevo modelo de Ciudad terciaria especializada y limpia, y en la que a menudo lo identitario queda reducido al pintoresquismo romántico de los espacios de ficción o pompas de inmanencia de los que hablan sociólogos como Cucó i Giner(13) o Manuel Castells(14). La hipervelocidad de las mutaciones urbanas contemporáneas hace muy difícil la toma de conciencia por parte del ciudadano de las potenciales consecuencias de ciertas realidades que están teniendo lugar, de tal manera que en apenas un par de años, ciertas decisiones pueden cambiar completamente la ciudad tal y como la conocíamos, y poner en peligro de extinción formas de vida y estructuras sociales construídas durante muchas décadas.
En esta situación de empuje homogeneizador de lo global, urge apelar a la protección responsable de los modos de vida de aquellos ciudadanos que están tan incomunicados con los órganos y los mecanismos de acción del poder, que apenas son escuchados en las tomas de decisiones.
Si la potencia y velocidad de los fenómenos de la ciudad genérica son demasiado pujantes como para intentar contenerlos, cabe investigar estrategias (si no activas, al menos sí reactivas) capaces de hacer de la necesidad virtud y poner en funcionamiento potencialidades que hibernan en lo virtual: las heterodoxias sociales y urbanas, las zonas límite, los espacios olvidados, la ciudad oculta.
Los espacios marginales y en decadencia cuentan como potencialidad su invisibilidad y sus latencias: a veces un barrio consigue ocultarse, como en este caso, en el centro. Quizás pueda emerger de nuevo, sin dejar de ser el de siempre, y de manera siempre insospechada.

agosto 2010. pescadería20 para acidadedosbarrios*.




-(1) [KOOLHAAS, Rem; ‘La ciudad Genérica’, GG, Barcelona, 1994.]

-(2) [LYOTARD, Francois; ‘Economía Libidinal’, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1974]

-(3) [DELEUZE, Gilles; ‘Mil Mesetas, capitalismo y esquizofrenía’, ed. Pretextos, Valencia, 1980.

-(4) [TOURAINE, Alaine; ‘La sociedad posindustrial’, ed. Ariel, Barcelona, 1969.]

-(5) [FOUCAULT, Michel; ‘Vigilar y castigar’, ed. Siglo XXI, Madrid, 1975]

-(6) [OFFE, Claus; ‘Partidos políticos y nuevos movimientos sociales’, ed. Sistema, Madrid, 1988]

-(7) [MELUCCI, Alberto; ‘Acción colectiva, vida cotidiana y democracia’, Colegio de Mexico AC, Mexico D.F., 1996]

-(8) [PGOM 2008, AYUNTAMIENTO DE LA CORUÑA, equipo redactor: BAU arquitectos]

-(9) [de CERTEAU, Michel; ‘La invención de lo cotidiano’ Universidad Iberoamericana, México D.F., 1980]

-(10) [DEBORD, Guy; ‘La sociedad del espectáculo’, ed. Pretextos, Valencia, 1967]

-(11) [SOLÁ MORALES, Ignasi; ‘Presente y futuros, la arquitectura de las grandes ciudades’, COAC, Barcelona, 1996]

-(12) [AUGE, Marc; ‘Los no lugares’, ed. Gedisa, Barcelona, 1992]

-(13) [CUCÓ Y GINER, Josepa; ‘Antropología urbana’, ed. Ariel, Barcelona, 2004]

-(14) [CASTELLS, Manuel; ‘Local y global, gestión de las ciudades en la era de la información’, ed. Taurus, Madrid, 1997]


martes, 27 de julio de 2010





*en esta fecha, le Corbusier ya lo había hecho todo. Murio en 1965

jueves, 15 de julio de 2010

lunes, 12 de julio de 2010


plano de ordenación, bruno taut

viernes, 9 de julio de 2010

jueves, 8 de julio de 2010

blinky palermo

miércoles, 7 de julio de 2010

Como una manada de lobos que baja del altiplano ululando o un enjambre de abejas hambrientas devoradoras de pétalos olorosos precipitan rodando como piedras de altísimos montes que se despeñan

Hay quién dice: ¿Qué hay de malo en organizar fiestas privadas con bellas jóvenes para regocijar a Líderes y Servidores del Estado?
no lo hemos entendido,
y ¿Por qué siempre tenemos que pagar también los extras a los agilipollados?

¿Qué pueden hacer las leyes dónde reina sólo el dinero?
la Justicia no es nada más que una mercancía pública,
¿De qué vivirían charlatanes y estafadores
si no tuvieran dinero en efectivo para echarlo como anzuelo entre la gente?

La línea horizontal nos lleva a la materia
la vertical, hacia el espíritu

Con los ojos cerrados se vislumbra un rayo
que con el tiempo, y necesitando paciencia,
abre el ojo interior: Inneres Auge, Das Innere Auge

La línea horizontal nos lleva a la materia,
la vertical hacia el espíritu

Cuando vuelvo en mí, por mi camino,
a leer y estudiar, escuchando a los grandes del pasado,
¡me basta una sonata de Corelli para maravillarme de la creación!



http://www.youtube.com/watch?v=Q21jdADhW30

miércoles, 23 de junio de 2010



AGRA: LÍMITES NA DENSIDADE
(clik en la imagen)

lunes, 21 de junio de 2010

domingo, 20 de junio de 2010

miércoles, 16 de junio de 2010

miércoles, 9 de junio de 2010
























AGRADECIMENTOS:
ASESER TERANGA, CENTRO DE FORMACIÓN PROFESIONAL TOMÁS BARROS, FÓRUM PRÓPOLIS, AGRA HUMANISTA, AA. VV. AGRA DO ORZÁN, ASOCIACIÓN 25 DE AGOSTO, CULTURAL DEPORTIVA CIUDAD JARDÍN, VICIÑOS DO PATIO DE MAZÁ DA RÚA BARCELONA 76, BARRIO DE MARIÑEIROS, NICANOR, ANA, REBECA, ANTÓN, SAMUEL, IOLANDA E A TODOS OS VICIÑOS DO AGRA.



DIRIXIDO POR BORJA VILAS
MONTAXE: BORJA VILAS E ROI RIBEIRA




AGRA: LÍMITES NA DENSIDADE É UN PROXECTO DE PESCADERÍA20 PARA A CIDADE DOS BARRIOS.ORG.

A CORUÑA, XUÑO, 2010

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